El olvido y la lluvia: la soledad en un universo llamado Macondo

Nathalia Maynart Cadó

Dados da edição:

Mafuá, Florianópolis, Santa Catarina, Brasil, n. 29, 2018. ISSNe: 1806-2555.

Como citar este texto?

Sobre os autor(es):

Nathalia Maynart Cadó
nathaliacado@gmail.com
lattes.cnpq.br/2797561184464192
Universidade Federal do Rio Grande do Sul (UFRGS)
Instituto de Letras
Departamento de Línguas Modernas
Porto Alegre – Rio Grande do Sul, Brasil

RESUMO: O ensaio estuda dois acontecimentos que estão presentes no romance Cem Anos de Solidão, do escritor Gabriel García Márquez: a peste da insônia que, num momento posterior, torna-se a peste do esquecimento, que acontece no início do livro e também da formação de Macondo e os quatro anos de chuva, que está ao fim do romance e marca a decadência de uma cidade e de um povo que a formou e nela viveu. Será discutido ao longo do trabalho a importância destes fatos no ciclo de Macondo e a construção de um imaginário que está na realidade desta sociedade.

PALAVRAS-CHAVE: Macondo. Peste. Chuva. Realidade. Imaginário. Ciclo.

ABSTRACT: This essay aims to study two events from the novel One Hundred Years of Solitude, by Gabriel Garcia Márquez. The plague of insomnia (later it becomes the plague of forgetfulness) that happens at the beginning of the story of of Macondo, and the four years of rain, that is in the end of the novel and marks the downfall of a city and its people. It will be discussed throughout the work the importance of these facts on the cycle of Macondo and the construction of an imaginary that is in the reality of this society.

KEYWORDS: Macondo. Plague. Rain. Reality. Imaginary. Cycle.

RESUMEN: El ensayo estudia dos acontecimientos que se presentan en la novela Cien Años de Soledad, de  Gabriel García Márquez: la peste del insomnio que se vuelve en una peste del olvido, que está en el inicio del libro y en la formación de Macondo, y los cuatro años de lluvia, que está en el fin de la novela y marca la decadencia de una ciudad y de un pueblo que la formó y en ella vivió. Se discutirá la importancia de estos hechos en el ciclo de Macondo y la construcción de un imaginario que está en la realidad de esta sociedad.

PALAVBRAS CLAVE: Macondo. Peste. Lluvia. Realidad. Imaginario. Ciclo.

 

El ensayo presentará un estudio de análisis de dos importantes episodios que forman parte de la novela Cien Años de Soledad, del colombiano Gabriel García Márquez: la peste del insomnio que resultó en el olvido por todo el pueblo y los cuatro años de lluvia en Macondo. El primero ocurrió en el inicio de la formación de la ciudad, momento de ruptura y aislamiento del mundo en un comienzo de todo; el último, un factor para la decadencia de una civilización y ciudad tras un “progreso” iludido que determinó la condenación y fin de este universo.

La interpretación propuesta en esta investigación es mirar estos dos hechos en una perspectiva que intenta huir de ciertas lecturas que los relacionan con críticas a hechos históricos, sino que estos dos momentos forman parte de Macondo en su realidad e imaginario. En otras palabras, que su significado existe en y para la ciudad y todo lo que la circunda. Además de eso, de qué forma la soledad, palabra que aparece en construcciones tan curiosas a lo largo de la historia y que está envuelta en todos los personajes, se refleja en los dos ocurridos.

Macondo: lo verosimil y lo imaginado en su realidade

Según el propio Gabriel García Márquez, el primer libro que quiso escribir, desde sus diecisiete años fue Cien Años de Soledad; toda la historia estaba ya en su mente. Sin embargo, según Carmen Arnau (1971, p. 6)

ha necesitado muchos años para poder encontrar el lenguaje y el tono que requería esta historia para poder expresar esta realidad fabulosa, fantasmagórica y muchas veces increíble que es Cien Años… (Destaques míos).

O sea, necesitaba de un inmenso poder e imaginación  que, para adquirirlo, debería perfeccionar su técnica escrita. Luego, según el propio escritor, necesitó escribir cuatro libros (La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba, Los funerales de Mamá Grande, La mala Hora) antes de desafiarse a escribir el libro que, posteriormente, sería considerada por la crítica uno de los clásicos más importantes para la ficción colombiana y latinoamericana.

El término que la crítica utilizó – realidad fabulosa – define muy bien lo que significa el ambiente de la novela y todo su contexto. Macondo es mucho más que simplesmente una ciudad: es un universo, una filosofía, que tiene vida y es real: considerando el término de Carmen Arnau, Macondo es una realidad, porque una ficción, para ser real, no necesita de fidelidad con los hechos históricos del mundo que vivimos. Por eso, puede ser fabulosa sin dejar de ser verosímil. Para Karina Lucena (2008) lo que un escritor crea en su ficción forma parte de esta realidad, que es verdadero en este imaginario, que no necesita de un compromiso con la realidad. Además de eso, puede ser real en esta ficción lo que, muchas veces, es considerado incoherente en un contexto histórico y concreto:

O autor cria um universo imaginário, uma outra realidade, que, para ser verossímil, deve ser lida tal qual a realidade exterior à obra. No momento da leitura há um acordo entre narrador e leitor: este se propõe a crer em qualquer coisa, desde que aquele tenha o domínio das técnicas responsáveis pelo convencimento. Por isso uma narrativa que não seria possível na realidade concreta pode ser verossímil na realidade literária, com a condição de que tenha força para ser interpretada como se real fosse. (p. 11)

Considerando los dos hechos propuestos para análisis en este ensayo – la peste del insomnio y del olvido y los cuatro años de lluvia – son acontecimientos que solo tienen significado y sentido – o sea, solo pueden ser interpretados – en el universo de Macondo, en este mundo creado por García Márquez. Luego, este afirmó que “[…] yo sentí que Macondo era un mundo totalmente ajeno a esa sociedad que veía en este momento” – considerando la realidad del autor (APUD Arnau, p. 13). Así, es la creación de un espacio imaginado y que no necesita cumplir una fidelidad con la historia concreta. Para Lucena, que considera Macondo también como un “espacio imaginado”, considera que el lector, además de imaginar personajes, debe idealizar esta ciudad que, aunque tenga características de una ciudad real, tiene particularidades propias que están para allá del plano de lo real: “Em uma cidade imaginária ocorrem fatos que não seriam verossímeis em uma cidade real. O espaço imaginário está para a literatura como o espaço real está para a História” (p. 13-14). Así, tanto la peste del insomnio y olvido cuando los cuatro años de lluvia son reales y existen porque están en la realidad de Cien Años de Soledad. El realismo mágico presente en la obra contribuye para afirmar el argumento de que todo lo que ocurre en Macondo es verdad porque está en su real. Lo que dijo Liliana Weinberg (2004) acerca del realismo mágico en Cien Años de Soledad saca las ideas de deformación en relación a un “compromiso” con la realidad, defendiendo que en verdad hay un compromiso con el imaginario de esta ficción:

El “realismo mágico” no es sólo un arbitrio estilístico, aunque en su mayoría así lo han considerado los críticos. No es sólo una fórmula productora de imágenes y metáforas, no es de ninguna manera una “deformación”, y mucho menos un recurso para consumo de minorías, sino nada más y nada menos que un replanteo del concepto de mimesis que por largos siglos ha acompañado a la creación artística como copia, imitación o reproducción de la realidad (p. 139)

En la historia, el modo como los personajes reciben la noticia de la peste del insomnio y del olvido demuestra que este acontecimiento forma parte de la realidad que es propia de Macondo: la peste llega en la ciudad por Rebeca, niña que llegó en la casa de la familia Buendía con una carta que decía, de forma muy cariñosa, un pedido para cuidar de aquella “huerfanita desamparada” (MÁRQUEZ, 2014) que solo cargaba consigo “el baulito de la ropa, un pequeño merecedor de madera con florecitas de colores pintadas a mano y un talego de lona que hacía un permanente ruido de cloc cloc cloc donde llevaba los huesos de sus padres” (p. 56). En esta descripción, hecha en un estilo que dialoga con la carta escrita de modo tan humanitario, posibilita que el lector despierte un sentimiento cariñoso por Rebeca por consecuencia de esta descripción llena de diminutivos, casi con un aire de piedad. Rebeca era, según  el escrito, prima de Úrsula de segundo grado, pero esta ni recordaba de esta parte de su familia. Sin embargo, la recibió muy bien en su casa y la trató como una hija legítima. Es Rebeca que trae la peste del insomnio, primeramente, en la casa de los Buendía. Visitación, la india que cuidaba de los niños Amaranta, Arcadio y Aureliano, percibió la peste en una noche que vio a Rebecca en el merecedor “chupándose el dedo, y con los ojos alumbrados como los de un gato en la oscuridad” (p. 59).  La indígena conocía la enfermedad porque lo mismo aconteció en la aldea donde vivía con su hermano. Para ella, era algo fuera de la realidad. La reacción de José Arcadio Buendía a saber de la noticia fue lo contrario: “Nadie entendió en la casa la arma de visitación. <<Si no volvemos a dormir, mejor>>, decía José Arcadio Buendía, de buen humor. <<Así nos rendirá más la vida>> (p. 59). Esta reacción de José Arcadio a recibir la noticia no demuestra horror, preocupación: para él, parece ser una normalidad. Él no cree mucho en las palabras de Visitación, pero no consideró el hecho como algo fuera de su realidad, el modo como supo de la peste fue como si fuera una noticia común de y cotidiana:

Quería decir que cuando el enfermo se acostumbraba a su estado de vigilia empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de estas personas y aun la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotez sin pasado. José Arcadio Buendía, muerto de risa, consideró que se trataba de una de tantas dolencias inventadas por la superstición de los indígenas. Pero Úrsula, por acaso, tomó la precaución de separar a Rebeca de los otros niños. (p. 60 – Destaques míos)

No solo por la reacción de José Arcadio Buendía, sino por el modo como Úrsula recibe la noticia de la peste también se parece una consecuencia natural de la realidad de Macondo, además que en realidad no es. Se nota que Úrsula tomó una precaución, pero fue solo separar Rebeca de los otros niños; en el ámbito que es una peste, su medida debería ser más drástica, hasta que no la abandona de la casa o intenta soluciones para que la enfermedad no ocurriera. Así, esto no ocurrió porque la peste del insomnio y olvido forma parte de este universo, es algo habitual. Además de eso, en la primera noche que la familia Buendía no duerme (entonces, separar Rebeca del dormitorio no cambió ni resolvió nada) también no parece ser algo que los asusta o los deja preocupados: “No durmieron un minuto, pero al día siguiente se sentían tan descansados que se olvidaron de la mala noche” (p. 60). Solo tras el tercer día de insomnio que se dieron cuenta que estaban hacía más de cincuenta horas sin dormir. La peste se propagó por Macondo por medio de los caramelos que Úrsula fabricaba y que fueron vendidos al pueblo.

Al contrario, se alegraron de no dormir, porque entonces había tanto que hacer en Macondo que el tiempo apenas alcanzaba. Trabajaron tanto, que pronto no tuvieron nada más que hacer, y se encontraron a las tres de la madrugada con los brazos cruzados, contando el número de notas que tenía el valse de los relojes […] llegó en día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural, y se organizó la vida de tal modo que el trabajo recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir (p. 62-63 – Destaques míos)

El olvido, tomado como consecuencia de la peste, comienza a ocurrir enseguida. Nuevamente, el hecho forma parte de este mundo principalmente por el modo “natural” de como el pueblo trata el problema: nombrar las cosas con un papelito cuando se olviden de ellas. Listo. No hay una gran preocupación. “Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita” (p. 64). Aureliano, quien tuvo el primer síntoma del olvido en el laboratorio de su padre, no se dio cuenta de la enfermedad por ser un objeto de un nombre difícil que se olvidó, o sea, no estaba con miedo de la contaminación. La solución propuesta por José Arcadio Buendía sería una máquina de la memoria, pero no para intentar curar el olvido, sino tener algo de memoria conviviendo con él: “Lo imaginaba como un diccionario giratorio que un individuo situado en el eje pudiera operar mediante una manivela, de modo que en pocas horas pasaran frente a sus ojos las nociones más necesarias para vivir” (p. 65)

Los cuatro años, once meses y dos días de lluvia es un episodio que ocurre en Macondo al final del libro; tras un periodo de “progreso” y ascensión económica de la cuidad por medio de la Compañía Bananera, o sea, la industria que viene con los extranjeros para la ciudad. La lluvia es el medio que interrumpe las actividades temporariamente y, posteriormente, para siempre, pues la lluvia demarca la destrucción y catástrofe total de Macondo, una decadencia eterna hasta su desaparición total.

Analizando este momento a través del imaginario de Macondo, puede interpretarse que la lluvia es una consecuencia de un progreso descontrolado que hubo en la ciudad. Tanto es que este hecho  es el que genera la masacre de los trabajadores de la Compañía Bananera – o sea, el comienzo de la destruición –, que ocurre un día antes del primer día de lluvia:

José Arcadio Segundo se arrastró de un vagón a otro, en la dirección en que avanzaba el tren, y el los relámpagos que estallaban por entre los listones de madera al pasar por los pueblos dormidos veía los muertos hombres, los muertos mujeres, los muertos niños, que iban a ser arrojados al mar como el banano de rechazo […] Encima de los vagones se veían los soldados con las ametralladoras emplazadas. Después de medianoche se precipitó un aguacero torrencial. José Arcadio Segundo ignoraba dónde había saltado, pero sabía que caminando en sentido contrario del tren llegaría a Macondo. (p. 366-367 – Destaques míos)

Esta es una de las escenas más fuertes de todo el libro, y la lluvia viene como un reflejo de algo terrible, que es la masacre de los funcionarios de la empresa. Luego, forma parte del imaginario por complementar el momento caótico de la ciudad. Antes de la masacre, ocurrió una huelga y disputa de derechos para los trabajadores por parte de diretrices sindicales. Señor Brown, jefe de la Compañía Bananera, a aceptar las nuevas condiciones de los trabajadores, se ofreció a pagar tres días de jolgorios públicos para conmemorar el fin del conflicto con los operarios: “Sólo que cuando los militares le preguntaron para qué fecha podía anunciarse la firma del acuerdo, él miró a través de la ventana el cielo rayado de relámpagos, e hizo un profundo gesto de incertidumbre” (p. 369). Entonces, la lluvia es el escenario del clima caótico, de esta forma complementando este universo que estaría casi en destrucción general.

Además de eso, la lluvia puede ser interpretada como un modo de esconder de la población de Macondo la masacre de tres mil funcionarios en el tren que iba hasta el mar. En el imaginario del pueblo, la masacre no existió. En el momento de la tormenta, Señor Brown suspendió todas las actividades de la compañía, y esta puede ser una forma de mostrar otra versión de la historia: la gente en general creía que la suspensión fuera por la lluvia, cuando en verdad fue por la masacre:

José Arcadio Segundo no habló mientras no terminaba de tomar el café.
– Debían ser como tres mil – murmuró.
– ¿ Qué?
– Los muertos – aclaró él – Debían ser todos los que estaban en la estación.
La mujer lo midió con una mirada de lástima. <<Aquí no ha habido muertos>>, dijo. <<Desde los tiempos de tu tío, el coronel, no ha pasado nada en Macondo>> (p. 368)

La lluvia también se presenta como una “solución” para formar un imaginario en la ciudad, una falsa creencia de que nada ocurrió [más] allá del agua. Como ya dicho, este momento es un hito para la historia por empezar la decadencia sin fin de Macondo. En poco tiempo, tras muchos días de lluvia, el sentimiento de regreso, de decadencia, de soledad, penetra en la consciencia de los personajes, hasta acostumbrarse con días y noches resumidos por el agua que caía del cielo sin interrumpirse. Es en este momento que José Arcadio Segundo empieza a descifrar los pergaminos de Melquíades, el gitano, luego descubriendo el destino condenado de la ciudad y de la familia Buendía:

José Arcadio Segundo se dedicó entonces a repasar muchas veces los pergaminos de Melquíades, y tanto más a gusto cuanto menos los entendía. Acostumbrado al ruido de la lluvia, que a los dos meses se convirtió en una forma nueva del silencio, lo único que perturbaba su soledad eran las entradas y salidas de Santa Sofía de la Piedad (p. 374 – Destaques mios)

Luego, la decadencia se vuelve en una forma de costumbre por medio de la lluvia. Además de eso, esta parece ser una clave para esta “nueva forma de silencio” que hizo que José Arcadio Segundo descubriera lo que estaba en los pergaminos, definiendo un nuevo camino para el destino de la familia y la historia.

La peste del olvido y los cuatro años de lluvia: el comienzo y el fin de un ciclo

Para Arnau (p. 41) “Macondo sirve de marco a la narración, y podemos ir siguiendo su evolución”. O sea, la novela cuenta en comienzo y fin de un universo, en forma de ciclo: Macondo empieza y termina en un aislamiento: de la nada para la nada]. Para ella, la ciudad reflejada en la familia, son casi una misma cosa.

La casa de los Buendía y Macondo reflejan la prosperidad o miseria de la familia fundadora. En épocas de auge de la familia Buendía, el pueblo y su casa se desarrollan, y engrandecen; en cambio, en épocas de decadencia la postración de la familia se evidencia en su casa y en el pueblo.

La peste del olvido está en su fundación, en el comienzo, mientras los cuatro años de lluvia cierran un ciclo. El primer ocurrido, como ya dicho, viene con Rebeca que, según Karina Lucena (p. 57) es agente de la separación de Macondo con el mundo. Por traer la peste del insomnio, la ciudad es obligada a aislarse:

Rebeca é um agente de separação primeiramente porque rompe o contato que a aldeia vinha tendo com o exterior. Todo o progresso desencadeado por Melquíades e pelos imigrantes fica estagnado no período em que a estrangeira ingressa no povoado. Macondo fecha-se novamente; ninguém pode entrar, ninguém pode sair. Como a peste é contagiosa a aldeia entra em uma espécie de estado de sítio, o que significa perda do desenvolvimento alcançado anteriormente.

Macondo, em su comienzo y antes de tener este nombre, como está en la primera página del libro, era um mundo tan reciente que las cosas aún ni tenían nombre. No era la “tierra prometida” que buscaba José Arcadio Buendía, conforme está en la novela: “[…] y fundaron a Macondo para no tener que empreender el camino del regreso. Era, pues, una ruta que no les interesaba, porque sólo podía conducirlo al pasado” (p. 20). O sea, Macondo parte de un aislamiento, y Rebeca lo trae nuevamente con su presencia. Curioso es que el fin de Rebeca es semejante de la peste en el pueblo: olvidada por todos, aislada del mundo. Luego en el comienzo de su fundación, en que hay ya un relativo progreso por los inmigrantes traidos por Úrsula y José Arcadio, hay esta ruptura con lo que está afuera. Sin emabrgo, no es solo un olvido de los hechos presentes: es también olvidar la consciencia, la propia identidad, pues nada de que había en el pasado importa más. Para Karina Lucena, la peste del insomnio y olvido puede ser interpretada como una crítica al progreso exagerado, que saca las raíces de un pueblo. Conforme comentado en la primera parte de este ensayo, los habitantes de Macondo se quedan “felices” por no dormir más, aceptan la peste naturalmente, pues así trabajarían más. Consecuentemente, tras el insomnio, hay el olvido de las cosas, de los nombres, del carácter de cada uno. Vivir intensamente el presente em su tiempo máximo sin importarse con el pasado tiene sus serias consecuencias y, probablemente, una interpretación de la peste del insomnio puede ser uma critica al modo que llevamos la vida:

Para que ter todo o tempo à disposição se não é possível recordar o que se fez? O autor toca em um tema universal. Memória e tempo são conceitos que andam juntos. A ilusão de que têm o domínio completo do tempo leva os habitantes de Macondo ao esquecimento. […]Reféns do esquecimento e do tempo, já que têm seu destino muito bem marcado, as personagens de Cem anos de solidão são inteiramente dominadas. Perdem a identidade juntamente com a memória e ficam como idiotas sem passado. […] Isso pode servir de aviso à contemporaneidade que ao preocupar-se exclusivamente com o tempo está deixando partir a memória. (p. 58)

La llegada de la Compañía Banenera por Sr. Brown y la presencia de los EE.UU en Macondo, tiempos después, – por supuesto que de modo muy distinto, pues la población y el desarrollo estava creciendo más – también es un “progreso desefrenado”. En una escala de aldeã para ciudad, la presencia norteamericana en el territorio aceleró un desarrollo que, anteriormente, caminaba de acuerdo con aquella sociedad. Nuevamente, en un progresso muy rápido que parece que Macondo se olvidó de su inicio, en que era una aldea que vivía de la agricultura, para una ciudad industrializada. La crítica Carmen Arnau argumenta que, para ella, la peste del olvido permanece en Macondo hasta la llegada de los extranjeros. Luego, hace un diálogo entre la peste del olvido y los cuatro años de lluvia, mostrando que estos dos hechos empiezan y terminan este ciclo que es Macondo. En la cita abajo, el propio García Márquez parece afirmar que tras la matanza de los tres mil funcionarios de la compañía – nuevamente recordando, horas antes del comienzo de la lluvia – la enfermedad permanece en el pueblo, aunque de forma implícita:

G.M me ha dicho a este respecto que el olvido por parte de todo el pueblo de esta matanza es tan solo comprensible si tenemos en cuenta que por este pueblo ha pasado la peste del olvido. (El germen de la peste vive durante mucho tiempo en estado latente, hasta que se manifiesta de nuevo) (p. 78).

El contacto entre los dos hechos establecidos por Arnau, que complementan el argumento de que forma parte de un ciclo dialoga con la afirmación de Lucena, según la que] “A trajetória de Macondo inicia e termina com a intertextualidade bíblica: na fundação há referência à terra prometida, no final da vida, ao dilúvio” (p. 91). O sea, los dos destinos están relacionados porque forman parte del imaginario de Macondo, de este universo en donde todo se conecta porque está todo condenado: los hechos, los personajes, la ciudad.

Tanto la peste cuanto los cuatro años de lluvia son los dos periodos de aislamiento de Macondo del mundo externo. Los dos periodos están relacionados con presencia extranjera: Rebeca, que trae la peste, y la Compañía Bananera, que en su catástrofe de muertes antecipa la lluvia. En la próxima sección, se comentará de que modo la soledad que, así como estos ocurridos, forma parte de este mundo singular, se expressa y se metaforiza en la enfermedad y la lluvia.

Los aires de soledad que traspasan el imaginario y el ciclo

El comentario que Carmen Arnau realiza acerca de la soledad es fundamental para entender cómo este sentimiento tan determinante en toda la obra refleja en la peste del insomnio y olvido y los cuatro años de lluvia. Para la autora, la soledad forma parte de la vida introvertida de la familia Buendía, por separarlos del resto del mundo.

[…] los Buendía, atrincherados en su casa (que es su reflejo) se han distanciado del mundo e incluso de los demás componentes de la misma familia, todos son extraños; su soledad es la de los introvertidos que no pueden o no saben abrirse a los demás. No saben tener contacto ni entre si, ni con el exterior, viven recluidos en mundos propios […] la soledad es una condena implacable, nadie escapa a ella, los personajes de Cien años… <<están condenados a cien años de soledad>> (por su destino o por el autor) (p. 71)

En sintesis, la soledad no se demuestra solo como una caracteristica de los Buendía: si anteriormente comentamos que Macondo es un reflejo de la familia, luego, la soledad también forma parte de la ciudad y el todo su contexto. Además de eso, la soledad es también una condenación, que está desde el inicio hasta el fin de Macondo.

Primeramente, la soledad se presenta en la peste del olvido y en los cuatro años de lluvia por demarcar los dos puntos de aislamiento total en el ciclo en la relación de Macondo con el mundo. Los dos ocurridos empiezan tras progresos que estaban desenfrenados en su tiempo: el trabajo compulsivo por no dormir y la presencia norteamericana por medio de la compañía.

En todas las casas se habían escrito claves para memorizar los objetos y los sentimentos. Pero el sistema exigía tanta vigilancia y tanta fortaleza moral que muchos sucumbieron al hechizo una realidad imaginaria, inventada por ellos mismos, que les resultaba menos práctica pero más reconfortante. (MÁRQUEZ, p. 64-65 – Destaques míos)

Esta realidad imaginaria creada por el pueblo forma parte de un mundo no solo propio de Macondo – nuevamente reforzando, entonces, que la peste forma parte de este universo – sino que inventar una realidad también es un modo de aislarse. En resumen, la consecuencia de la peste del olvido para el pueblo ocasionó una soledad delante de lo externo, de lo que no era Macondo. Quizá esta soledad contribuyó para que, conforme la primera parte, la gente encontrase una forma de convivir con la peste y recibirla naturalmente, sin sorprenderse.

La diferencia es que después que el gitano Melquíades vuelve y trae la cura para el insomnio y la memoria para el olvido, la ciudad nuevamente crece y se desarrolla, o sea, la situación se “normaliza”y las personas pasan a recordarse de los hechos. El progreso tiene vida otra vez. Sin embargo, con los cuatro años de lluvia, el pueblo y el territorio no vuelven a ser como antes, o sea, no se normaliza. Conforme el final del libro, nada vuelve a ser como antes tras la lluvia porque:

Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrastrada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aurealiano Babilonia acabara de decifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra. (p. 495)

O sea, por estar condenados a cien años de soledad, tras la lluvia no tenían una segunda oportunidad en erguirse nuevamente. El fin es una soledad provocada por estos cuatro años de tormentas. Curioso es que el modo como García Márquez escribió que Macondo sería desterrada de la memoria de las personas también es un olvido, retomando la peste del incio de la novela que, según su comentario con Carmen Arnau, atrviesa toda la novela. En otras palabras, la peste del insomnio demonstró que existiría hasta el fin de un pueblo condenado a cien años.  Esto retoma la segunda parte de nuestro argumento, en la que se analizaron los dos hechos como parte de un ciclo. La soledad se expresa en todo este momento, desde su inicio hasta el fin.

La lluvia también hizo con que José Arcadio Segundo empezara a descifrar los pergaminos de Melquíades, luego, se puso en soledad para eso. En la historia, el ruido de la lluvia le dio la sensación de ser invisible, o sea, aislado del mundo. La soledad es un elemento que refleja en los personajes también en el tiempo de la lluvia, mostrando que soledad y lluvia tienen un contacto, hasta que una es consecuente de la otra para el desaparecimiento de Macondo. Otro ejemplo es cómo la lluvia refleja en la soledad del personaje Fernanda Del Carpio, mujer de José Arcadio Segundo y rechazada por toda la familia por venir de afuera, del páramo: “[…] a Fernanda no le había importado la lluvia, porque al fin de cuentas toda la vida había sido para ella como si estuviera lloviendo” (p. 380).  La muerte de Úrsula, mujer de la primera generación y que permanece hasta el fin de la historia, ocurre cuando termina la lluvia, e hizo una promesa  de morir cuando escampara.

La lluvia, entonces, en su destrucción, terminaría con Macondo, hasta su resultado tras su término y el modo como quedó la ciudad, o sea, se encaminó hasta una eterna soledad:

Macondo estaba en ruinas. En los pantanos de las calles quedaban muebles despedazados, esqueletos de animales cubiertos de lirios colorados, últimos recuerdos de las hordas de advenedizos que se fugaron de Macondo tan atolondramente como había llegado. Las casas paradas con tanta urgencia durante la fiebre del banano habían sido abandonadas. La compañía bananera desmanteló sus instalaciones. De la antigua ciudad alambrada sólo se quedaban los escombros. Las casas de madera, las frescas terrazas donde transcurrían las serenas tardes de los naipes, parecían arrastadas por una anticipación del vento profético que años después había de borrar Macondo de la faz de la tierra. (p. 394)

Conclusiones

La peste del insomnio y olvido y los cuatro años de lluvia son dos episodios que merecen estudios, pues comprenderlos y analizarlos es fundamental para la lectura de Cien Años de Soledad. Los dos acontecimientos, como mencionado a lo largo de este artículo, son reales en la realidad imaginaria de Macondo y no tienen compromisos con hechos reales históricos porque, en primer lugar, la literatura no necesita un compromiso fiel con la historia y, en segundo lugar por el modo como el pueblo de la ciudad recibe los acontecimientos casi de forma “natural” y se acostumbran rapidamente con los cambios. O sea, la gente, con el tiempo, los incorpora en su realidad. En la segunda parte, analizó la importancia de que la enfermedad y la lluvia formen parte de un ciclo y el modo como están encadenados en él, determinando el comienzo y el fin de Macondo. Además de eso, se comento cómo el progreso sin control, muchas veces, se vuelve problemático e inútil, olvidando las raíces y orígenes de un pueblo y su cultura. Y como estos dos hechos son determinantes para puntuar este destino “condenado” del pueblo de Macondo, cambiando totalmente el desarrollo de la ciudad en los momentos en que La Compañia Bananera existió. Por fin, el modo como la soledad se expresa en la peste y la lluvia, partiendo de que ellos son los dos puntos de aislamiento y estagnación de Macondo en toda la novela y en todo su ciclo. Y cómo los hechos afectaron a algunos personajes a lo largo de la historia, expresándose principalmente en su soledad. La soledad es la condenación, característica e identidad de los personajes, de la peste del insomnio y olvido, de la lluvia, de todo un Macondo cerrado en sí mismo. Este ensayo fue un intento de mostrar cómo estos dos acontecimientos son fundamentales para la progresión y regresión de la ciudad y, sobretodo, entrar en este imaginario que es Cien Años de Soledad.

Referências

Arnau, C. El mundo mítico de Gabriel García Márquez. Barcelona: Ediciones Península, 1971

Lucena, K. Macondo: Além da Terra Firme (um estudo sobre a cidade imaginária). Caxias do Sul: Universidade de Caxias do Sul (UCS), 2008.

Márquez, G.G. Cien años de Soledad. Buenos Aires: Debolsillo, 2014.

Weinberg, Liliana. Literatura Latinoamericana: Descolonizar la imaginación. Disponible en:

<https://www.academia.edu/16838958/Literatura_Latinoamericana._Descolonizar_la_imaginaci%C3%B3n> Acceso en 20 jul 2017.